Versales # de Los cuerpos remotos por Roberto García de Mesa


Andaba sobre un camino de clavos y llegué a una puerta antigua. Mis pies sangraban. La abrí y había un bosque muy espeso, cubierto de niebla. Apenas podía ver. Resbalé y caí cuesta abajo. Llegué a un lago. En él bebía agua una pantera blanca. Nadé hacia ella y lamió las heridas de mis pies. Luego, me condujo hasta un acantilado. Y allí desperté. Sudaba, pero hacía frío, mucho frío.
*
Delante de mí, estaba yo, mi otro yo. Nos mirábamos mutuamente, en silencio, inmóviles. En paz. De pronto, empezó a caer una lluvia muy fina y mi doble se desvaneció. Entonces me quedé solo, mojado, mirando al infinito y sentí una gran alegría. Y así dejé que aquella lluvia también traspasara mi júbilo.
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Un sueño de pájaros. Los escucho en la oscuridad. Enciendo una cerilla. Una corriente de aire se lleva mi cara. Y la luz.
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Cruzo la calle corriendo, rápido, muy rápido. Mi corazón no puede más y me invade un temblor, un brote de asfixia. Me detengo en mitad de la carretera, agotado. Respiro forzadamente, como si quisiera seguir viviendo.
Roberto García de Mesa
Los cuerpos remotos
Ediciones Idea, 2012
